
En Comodoro hay más de 121 mil personas por debajo de la línea de pobreza y en el Valle (Trelew-Rawson) más de 50 mil. No son datos sin contexto: lo asegura el último informe sobre la incidencia de la pobreza divulgado hace pocos días por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que otra vez volvió a ser cuestionado por la calidad y transparencia de sus informes.
Es decir, en los dos mayores aglomerados urbanos de Chubut hay más de 171 mil personas viviendo en la pobreza (sobre un total aproximado de 650 mil habitantes), lo que equivale a casi un cuarto de la población chubutense.
Además, hay que computar a más 20 mil personas que están todavía un escalón más abajo, el de la indigencia: más de 11 mil en Comodoro-Rada Tilly y más de 9 mil en Trelew-Rawson.

El informe del INDEC -que reportó que la pobreza en todo el país cerró el 2025 en 28,2%- también permitió estructurar un ranking de los diez aglomerados urbanos de la Argentina con mayor pobreza, y que incluye a Trelew-Rawson en el séptimo lugar con 32,9% de personas pobres, solo superadas por Concordia (Entre Ríos), con 49,9%; Gran Resistencia (Chaco), con 42,2%; La Rioja, con 36,7%; Gran Catamarca, con 35,7%; Gran San Juan, con 34%; San Nicolás-Villa Constitución, con 33,8%.
Es más, la zona del Valle tiene más pobres en porcentaje que los Partidos del Gran Buenos Aires (32,6%); el Gran Mendoza (31,9%) y el Gran La Plata (31,5%).
Realidad inocultable
En términos absolutos, según los informes oficiales del INDEC, entre el primer semestre y el segundo semestre de 2025, en Comodoro Rivadavia y el Valle hubo 6 mil personas que ingresaron en la pobreza y casi 7 mil se convirtieron en indigentes.
Y si esa comparación se extiende hasta el primer semestre de 2024, es decir el lapso de un año, las cifras son más impactantes aun: en apenas doce meses, en los dos principales aglomerados urbanos de Chubut se registraron más de 30 mil nuevos pobres. ¿De verdad todo marcha de acuerdo al plan, como les gusta decir a los termos libertarios?
Si se tiene en cuenta que estas cifras pueden estar siendo manipuladas por la administración libertaria, es posible presuponer que la incidencia de la pobreza y la indigencia en Chubut es mucho mayor y llegando a cifras nunca antes vistas.
Los datos desagregados son espeluznantes: Comodoro Rivadavia-Rada Tilly reporta -según el INDEC- 16.448 hogares pobres y 70.384 personas en esa condición. Mientras unos 3.138 hogares están en la indigencia, lo que equivale a 11.108 personas atravesando esa delicada situación social.
En el aglomerado Rawson-Trelew la situación es igual o más dramática, porque si bien en números absolutos son menores, el porcentaje de hogares y personas pobres o indigentes es mayor porque está medido sobre menos cantidad de hogares y habitantes.
En el Valle se reportan 14.744 hogares pobres y unas 50.707 personas por debajo de la línea de pobreza; y otros 2.353 hogares y 9.118 personas medidas como indigentes.
En términos porcentuales, las cifras del segundo semestre del año pasado son menores a la del segundo semestre de 2024 (interanual), pero sin embargo marcan un salto en relación al primer semestre de 2025, cuando el presidente Javier Milei se vanaglorió que había sacado a millones de argentinos de la pobreza.
En Comodoro-Rada Tilly, por ejemplo, se pasó de 34,7% en el segundo semestre de 2024 a 26,9% en el primer semestre de 2025, y saltó a 27,1% en el último informe del INDEC.
Mientras que en Trelew-Rawson la tendencia es similiar: el aglomerado pasó de 36,8% en el segundo semestre de 2024 a 30,1% a comienzos del año pasado, ubicándose en el segundo semestre otra vez hacia arriba: 32,9%.
Medición mentirosa
Desde que asumió Milei, el debate sobre la incidencia de la pobreza dejó de girar únicamente en torno a la realidad social para instalarse, cada vez más, en el terreno de las estadísticas. No es un detalle menor: cuando los números cambian según cómo se los mire, también cambia el relato político.
El Presidente suele repetir que heredó una pobreza del 52,9%. Sin embargo, ese número corresponde al primer semestre de 2024, cuando su propio gobierno ya llevaba más de seis meses en funciones. Al momento de asumir, el índice era del 41,7%. La diferencia no es técnica: es narrativa. Inflar el punto de partida permite exagerar cualquier mejora posterior.
Pero el problema no termina ahí. La medición oficial en Argentina sigue siendo unidimensional: se define quién es pobre únicamente en función de sus ingresos, tomando como referencia la Canasta Básica Total (CBT). Ese umbral, hoy cercano a $ 1.400.000 para una familia tipo, ni siquiera contempla el alquiler. Es decir, mide la pobreza con una vara incompleta.
Más aún, esa vara está vieja. La CBT se construye con patrones de consumo de 2004/05, ignorando cambios evidentes en la vida cotidiana, como el peso creciente de los servicios públicos, la conectividad, la telefonía móvil o el transporte. En un país donde las tarifas se dispararon muy por encima de los alimentos, seguir midiendo con esa estructura no es neutral: es subestimar la pobreza.
A esto se suma un cambio metodológico clave introducido a fines de 2024 por el INDEC: la inclusión de ingresos no laborales, como la AUH o la Tarjeta Alimentar. No es incorrecto incorporarlos, pero sí resulta problemático hacerlo sin recalcular hacia atrás. Si esos ingresos se hubieran considerado antes, la pobreza durante el gobierno de Alberto Fernández, por ejemplo, habría sido menor.
En otras palabras, parte de la “baja” actual a nivel país no responde a una mejora real, sino a una mejor captura estadística. Lo dicen incluso los especialistas: hay más ingresos contabilizados, no necesariamente más bienestar.

El resultado es un escenario ambiguo. Por un lado, las cifras oficiales muestran una caída de la pobreza. Por el otro, los indicadores estructurales cuentan otra historia: salarios a la baja; pérdida de poder adquisitivo; aumento del desempleo o empleo de calidad que no aparece; y una inflación que lleva meses sin ceder de forma consistente. Sin motores reales de mejora, la tendencia difícilmente sea sostenible.
Si la Canasta Básica se actualizara con datos más recientes -como los de 2017/18-, el umbral de pobreza se acercaría a los $ 2 millones. Sólo ese ajuste incorporaría a una situación de pobreza a millones de personas que hoy quedan fuera de la estadística oficial. La pobreza, entonces, no sería menor, sería más visible.
En definitiva, la discusión de fondo no es si la pobreza bajó algunos puntos, sino cómo se mide y qué se decide mostrar. Es más que claro que el Gobierno nacional fuerza para que la pobreza deje de ser una urgencia social y sólo se convierta en un dato administrable.
Cuando la estadística se acomoda al discurso, la realidad deja de importar. Pero los pobres siguen estando ahí, esperando a que alguien reaccione y ponga freno a semejante cinismo político.

En Comodoro hay más de 121 mil personas por debajo de la línea de pobreza y en el Valle (Trelew-Rawson) más de 50 mil. No son datos sin contexto: lo asegura el último informe sobre la incidencia de la pobreza divulgado hace pocos días por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que otra vez volvió a ser cuestionado por la calidad y transparencia de sus informes.
Es decir, en los dos mayores aglomerados urbanos de Chubut hay más de 171 mil personas viviendo en la pobreza (sobre un total aproximado de 650 mil habitantes), lo que equivale a casi un cuarto de la población chubutense.
Además, hay que computar a más 20 mil personas que están todavía un escalón más abajo, el de la indigencia: más de 11 mil en Comodoro-Rada Tilly y más de 9 mil en Trelew-Rawson.

El informe del INDEC -que reportó que la pobreza en todo el país cerró el 2025 en 28,2%- también permitió estructurar un ranking de los diez aglomerados urbanos de la Argentina con mayor pobreza, y que incluye a Trelew-Rawson en el séptimo lugar con 32,9% de personas pobres, solo superadas por Concordia (Entre Ríos), con 49,9%; Gran Resistencia (Chaco), con 42,2%; La Rioja, con 36,7%; Gran Catamarca, con 35,7%; Gran San Juan, con 34%; San Nicolás-Villa Constitución, con 33,8%.
Es más, la zona del Valle tiene más pobres en porcentaje que los Partidos del Gran Buenos Aires (32,6%); el Gran Mendoza (31,9%) y el Gran La Plata (31,5%).
Realidad inocultable
En términos absolutos, según los informes oficiales del INDEC, entre el primer semestre y el segundo semestre de 2025, en Comodoro Rivadavia y el Valle hubo 6 mil personas que ingresaron en la pobreza y casi 7 mil se convirtieron en indigentes.
Y si esa comparación se extiende hasta el primer semestre de 2024, es decir el lapso de un año, las cifras son más impactantes aun: en apenas doce meses, en los dos principales aglomerados urbanos de Chubut se registraron más de 30 mil nuevos pobres. ¿De verdad todo marcha de acuerdo al plan, como les gusta decir a los termos libertarios?
Si se tiene en cuenta que estas cifras pueden estar siendo manipuladas por la administración libertaria, es posible presuponer que la incidencia de la pobreza y la indigencia en Chubut es mucho mayor y llegando a cifras nunca antes vistas.
Los datos desagregados son espeluznantes: Comodoro Rivadavia-Rada Tilly reporta -según el INDEC- 16.448 hogares pobres y 70.384 personas en esa condición. Mientras unos 3.138 hogares están en la indigencia, lo que equivale a 11.108 personas atravesando esa delicada situación social.
En el aglomerado Rawson-Trelew la situación es igual o más dramática, porque si bien en números absolutos son menores, el porcentaje de hogares y personas pobres o indigentes es mayor porque está medido sobre menos cantidad de hogares y habitantes.
En el Valle se reportan 14.744 hogares pobres y unas 50.707 personas por debajo de la línea de pobreza; y otros 2.353 hogares y 9.118 personas medidas como indigentes.
En términos porcentuales, las cifras del segundo semestre del año pasado son menores a la del segundo semestre de 2024 (interanual), pero sin embargo marcan un salto en relación al primer semestre de 2025, cuando el presidente Javier Milei se vanaglorió que había sacado a millones de argentinos de la pobreza.
En Comodoro-Rada Tilly, por ejemplo, se pasó de 34,7% en el segundo semestre de 2024 a 26,9% en el primer semestre de 2025, y saltó a 27,1% en el último informe del INDEC.
Mientras que en Trelew-Rawson la tendencia es similiar: el aglomerado pasó de 36,8% en el segundo semestre de 2024 a 30,1% a comienzos del año pasado, ubicándose en el segundo semestre otra vez hacia arriba: 32,9%.
Medición mentirosa
Desde que asumió Milei, el debate sobre la incidencia de la pobreza dejó de girar únicamente en torno a la realidad social para instalarse, cada vez más, en el terreno de las estadísticas. No es un detalle menor: cuando los números cambian según cómo se los mire, también cambia el relato político.
El Presidente suele repetir que heredó una pobreza del 52,9%. Sin embargo, ese número corresponde al primer semestre de 2024, cuando su propio gobierno ya llevaba más de seis meses en funciones. Al momento de asumir, el índice era del 41,7%. La diferencia no es técnica: es narrativa. Inflar el punto de partida permite exagerar cualquier mejora posterior.
Pero el problema no termina ahí. La medición oficial en Argentina sigue siendo unidimensional: se define quién es pobre únicamente en función de sus ingresos, tomando como referencia la Canasta Básica Total (CBT). Ese umbral, hoy cercano a $ 1.400.000 para una familia tipo, ni siquiera contempla el alquiler. Es decir, mide la pobreza con una vara incompleta.
Más aún, esa vara está vieja. La CBT se construye con patrones de consumo de 2004/05, ignorando cambios evidentes en la vida cotidiana, como el peso creciente de los servicios públicos, la conectividad, la telefonía móvil o el transporte. En un país donde las tarifas se dispararon muy por encima de los alimentos, seguir midiendo con esa estructura no es neutral: es subestimar la pobreza.
A esto se suma un cambio metodológico clave introducido a fines de 2024 por el INDEC: la inclusión de ingresos no laborales, como la AUH o la Tarjeta Alimentar. No es incorrecto incorporarlos, pero sí resulta problemático hacerlo sin recalcular hacia atrás. Si esos ingresos se hubieran considerado antes, la pobreza durante el gobierno de Alberto Fernández, por ejemplo, habría sido menor.
En otras palabras, parte de la “baja” actual a nivel país no responde a una mejora real, sino a una mejor captura estadística. Lo dicen incluso los especialistas: hay más ingresos contabilizados, no necesariamente más bienestar.

El resultado es un escenario ambiguo. Por un lado, las cifras oficiales muestran una caída de la pobreza. Por el otro, los indicadores estructurales cuentan otra historia: salarios a la baja; pérdida de poder adquisitivo; aumento del desempleo o empleo de calidad que no aparece; y una inflación que lleva meses sin ceder de forma consistente. Sin motores reales de mejora, la tendencia difícilmente sea sostenible.
Si la Canasta Básica se actualizara con datos más recientes -como los de 2017/18-, el umbral de pobreza se acercaría a los $ 2 millones. Sólo ese ajuste incorporaría a una situación de pobreza a millones de personas que hoy quedan fuera de la estadística oficial. La pobreza, entonces, no sería menor, sería más visible.
En definitiva, la discusión de fondo no es si la pobreza bajó algunos puntos, sino cómo se mide y qué se decide mostrar. Es más que claro que el Gobierno nacional fuerza para que la pobreza deje de ser una urgencia social y sólo se convierta en un dato administrable.
Cuando la estadística se acomoda al discurso, la realidad deja de importar. Pero los pobres siguen estando ahí, esperando a que alguien reaccione y ponga freno a semejante cinismo político.